Glucosa en ayunas normal: ¿fin de la historia?

Es común que se asocie la medición de glucosa en ayunas exclusivamente con el diagnóstico y seguimiento de enfermedades metabólicas como la diabetes. Bajo esta perspectiva, la información generada por una prueba de glucosa suele desestimarse cuando no existe un objetivo clínico inmediato, como confirmar una enfermedad, evaluar su progresión o modificar el tratamiento de un paciente previamente diagnosticado. Sin embargo, esta visión limita el potencial informativo de la glucosa como marcador fisiológico. ¿Pueden los valores de glucosa considerados normales aportar información relevante en algún sentido, más allá de clasificar al paciente como “sano”?

Cuando estar en rango no garantiza bienestar metabólico
Según la Asociación Americana de la Diabetes (ADA), en personas sanas la glucosa en ayunas debe encontrarse por debajo de 100 mg/dL sin distinción por edad. En la práctica clínica, este punto de corte se utiliza de forma general para clasificar a un individuo como metabólicamente sano; sin embargo, este enfoque no suele considerar las variaciones fisiológicas que pueden presentarse dentro del rango de normalidad. Asimismo, no se toman en cuenta las posibles diferencias metabólicas entre individuos con valores de glucosa en ayunas cercanos al punto de corte y aquellos con concentraciones más alejadas de este umbral, pese a que ambos se clasifiquen como sanos.
Por otro lado, cuando los valores de glucosa en ayunas se encuentran dentro de límites normales, habitualmente no se realizan mediciones complementarias, como la determinación de insulina, lo que podría limitar la detección temprana de alteraciones metabólicas subclínicas.

La normalidad que predice problemas
Un estudio retrospectivo publicado por Nguyen et al. (2010) realizó seguimiento durante aproximadamente 21 años a niños con valores de glucosa dentro del rango normal con el objetivo de determinar si el valor de glucosa, aún en individuos considerados sanos, puede tener algún tipo de valor predictivo de prediabetes o diabetes durante la adultez.
Los resultados del estudio mostraron un riesgo significativamente mayor (alrededor del doble) de desarrollar prediabetes y diabetes tipo 2 en la edad adulta en niños con glucosa plasmática en ayunas entre 86 y 99 mg/dL, en comparación con aquellos con valores menores a 86 mg/dL, independientemente de otros factores de
riesgo metabólicos tradicionales. Por lo anterior, el umbral a partir del cual se observó la asociación con las tasas de prevalencia tanto de prediabetes como de diabetes en la edad adulta pareció situarse en el nivel de la mediana o por encima de esta (86 mg/dL).
Tal como en el caso anterior, Bjørnholt et al. (1999) documentó el seguimiento durante 22 años de los niveles de glucosa en hombres considerados sanos con el objetivo de establecer una relación entre los anteriores y las tasas de muerte por enfermedades cardiovasculares.
Se determinó que aquellos hombres con valores de glucosa más altos (aún dentro del rango normal) presentaban el patrón de riesgo más desfavorable. Precisamente, al dividir a los participantes en cuartiles según los niveles de glucosa en ayunas, se observó que los hombres ubicados en el cuartil más alto (glucosa >85 mg/dL) presentaban una tasa de mortalidad por enfermedad cardiovascular significativamente mayor en comparación con aquellos pertenecientes a los tres cuartiles inferiores, aún considerando otros factores de riesgo como el fumado, presión arterial, lípidos séricos, condición física, entre otros.
Otras investigaciones previas también han demostrado una asociación con el desarrollo de diabetes y otras enfermedades cardiovasculares utilizando puntos de corte inferiores al límite mínimo del rango considerado normal por la ADA (Nguyen, 2010).

El precio metabólico de verse “normal”
La hiperinsulinemia es considerada actualmente una de las manifestaciones más tempranas de las disfunciones metabólicas, incluido el síndrome metabólico. Se ha descrito que niveles elevados de insulina en ayunas pueden identificarse hasta 24 años antes del desarrollo de la hiperglicemia y que incluso podrían preceder a la aparición de la obesidad. Sin embargo, pese a esta evidencia, la hiperinsulinemia no se emplea de manera rutinaria en la práctica clínica para el diagnóstico o la monitorización del riesgo metabólico, debido a la ausencia de valores de referencia clínicamente establecidos que permitan su aplicación (Crofts et al., 2016).
En el estudio de Tabák et al. (2009) se realizó un seguimiento longitudinal de 13 años en una cohorte de individuos inicialmente sanos, sin diagnóstico de diabetes mellitus. A partir de este seguimiento, se analizaron retrospectivamente las trayectorias de la glucosa en ayunas y de la glucosa a las dos horas postcarga, junto con la sensibilidad a la insulina y la función de las células β estimadas mediante el modelo HOMA, tanto hasta 13 años antes del diagnóstico de diabetes en los
participantes que desarrollaron la enfermedad como hasta el final del período de observación en aquellos que no la desarrollaron.
Los resultados respaldan un modelo etiológico de la diabetes en múltiples etapas. En una fase inicial prolongada, la secreción de insulina se incrementa para compensar la resistencia a la insulina sin producir cambios relevantes en los niveles de glucosa. Posteriormente, se observa una etapa de adaptación estable, en la que la masa de células β disminuye a pesar de los mecanismos compensatorios. Finalmente, se presenta un período transitorio e inestable, caracterizado por un aumento acelerado de la glucosa que culmina en la diabetes manifiesta.
En conjunto, esta evidencia sugiere que las alteraciones en la dinámica de la insulina preceden ampliamente a los cambios glicémicos utilizados de forma rutinaria en la práctica clínica, lo que pone en cuestión la suficiencia de la glucosa como único marcador de riesgo metabólico. La identificación de la hiperinsulinemia como un evento temprano y sostenido en la progresión hacia la diabetes refuerza la necesidad de explorar su utilidad clínica como herramienta complementaria para la detección precoz del riesgo metabólico, especialmente en individuos considerados sanos según los criterios glicémicos actuales.

Conclusión
La evidencia disponible indica que una glucosa en ayunas dentro del rango considerado normal no necesariamente refleja un estado de salud metabólica óptimo. Estudios longitudinales han demostrado que valores de glucosa situados en el extremo superior de la normalidad se asocian con un mayor riesgo futuro de diabetes y enfermedad cardiovascular, incluso en ausencia de otros factores de riesgo tradicionales. Asimismo, la hiperinsulinemia emerge como un evento temprano y sostenido en la progresión de las alteraciones metabólicas, capaz de preceder por años a las manifestaciones clínicas evidentes. En este contexto, resulta pertinente replantear el uso exclusivo de la glucosa como marcador de riesgo y considerar un enfoque más integral que permita identificar de forma temprana estados metabólicos subclínicos, aun en individuos clasificados como “sanos”.

Referencias Bibliográficas

  1. American Diabetes Association. (s. f.). Diagnóstico. ADA. Recuperado el 15 de enero de 2026, de https://diabetes.org/espanol/diagnostico
  2. Bjørnholt, J. V., Erikssen, G., Aaser, E., Sandvik, L., Nitter-Hauge, S., Jervell, J., Erikssen, J., & Thaulow, E. (1999). Fasting blood glucose: An underestimated risk factor for cardiovascular death. Results from a 22-year follow-up of healthy nondiabetic men. Diabetes Care, 22(1), 45–49. https://doi.org/10.2337/diacare.22.1.45
  3. Crofts, C. A. P., Schofield, G., Zinn, C., Wheldon, M., & Kraft, J. R. (2016). Identifying hyperinsulinaemia in the absence of impaired glucose tolerance: An examination of the Kraft database. Diabetes Research and Clinical Practice, 118, 50–57. https://doi.org/10.1016/j.diabres.2016.06.007
  4. Nguyen, Q. M., Srinivasan, S. R., Xu, J. H., Chen, W., & Berenson, G. S. (2010). Fasting plasma glucose levels within the normoglycemic range in childhood as a predictor of prediabetes and type 2 diabetes in adulthood: The Bogalusa Heart Study. Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine, 164(2), 124–128. https://doi.org/10.1001/archpediatrics.2009.268
  5. Tabák, A. G., Jokela, M., Akbaraly, T. N., Brunner, E. J., Kivimäki, M., & Witte, D. R. (2009). Trajectories of glycaemia, insulin sensitivity, and insulin secretion before diagnosis of type 2 diabetes: An analysis from the Whitehall II study. Lancet, 373(9682), 2215–2221. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(09)60619-X
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