Proteína C Reactiva como biomarcador inflamatorio en caninos.

La respuesta de fase aguda corresponde a un conjunto complejo de mecanismos que se activan poco tiempo después de producirse una lesión tisular. Forma parte del sistema de defensa innato del organismo y, por lo tanto, constituye una reacción inespecífica frente a diversas condiciones, como infecciones, neoplasias, traumatismos, entre otras causas (Viitanen et al., 2014).
Las alteraciones en la homeostasis que desencadenan esta respuesta estimulan la síntesis de proteínas de fase aguda (PFA), consideradas indicadores de inflamación sistémica. Las variaciones en estas proteínas dependen de la especie y, en el caso de los perros, el biomarcador más relevante y sensible es la proteína C reactiva (PCR) (Malin & Witkowska-Piłaszewicz, 2022).
En animales clínicamente sanos, los niveles suelen mantenerse bajos; sin embargo, ante un estímulo inflamatorio aumentan con rapidez, presentando una fase de latencia cercana a las 4 horas y alcanzando su concentración máxima alrededor de las 24 horas siguientes al evento inicial. Posteriormente, disminuyen de forma rápida conforme se produce la recuperación. Estas propiedades convierten a la PCR en una herramienta valiosa para el monitoreo de la actividad inflamatoria (Viitanen et al., 2014).
Las enfermedades cardíacas y respiratorias bajas en perros constituyen afecciones frecuentes en la clínica de pequeños animales. Varias de ellas comparten manifestaciones clínicas similares, por lo que su diagnóstico definitivo suele depender de pruebas complementarias especializadas, como la obtención de muestras bronquiales y la ecocardiografía. Dado que estos procedimientos no siempre están disponibles y que el muestreo de las vías aéreas implica anestesia, resulta necesario contar con biomarcadores no invasivos, particularmente útiles para la identificación de infecciones bacterianas (Viitanen et al., 2014).
La detección precoz contribuye a reducir el uso indiscriminado de antimicrobianos y, en consecuencia, a disminuir el riesgo de aparición de resistencia bacteriana. Por ello, se han documentado elevaciones de la PCR en diversos estudios que abarcan una amplia gama de enfermedades infecciosas e inflamatorias en perros (Viitanen et al., 2014).

Tabla 1

Nota. Tabla reproducida y traducida al español de Malin y Witkowska-Piłaszewicz, “C-Reactive Protein as a Diagnostic Marker in Dogs: A Review”, publicada en Animals, https://doi.org/10.3390/ani12202888. Traducción propia.

En un escenario ideal, sería conveniente determinar el valor basal de PCR en el animal sano para disponer de un punto de referencia en caso de enfermedad; no obstante, esta práctica no suele formar parte de la rutina clínica habitual. Por ello, se sugiere realizar mediciones seriadas de PCR a lo largo del tiempo, con el fin de detectar variaciones en comparación con el valor inicial ante una enfermedad (Malin & Witkowska-Piłaszewicz, 2022).

En conclusión, la PCR constituye un biomarcador de gran utilidad en la medicina veterinaria, especialmente en caninos, debido a su alta sensibilidad frente a
procesos inflamatorios sistémicos. Su rápida elevación tras un estímulo inflamatorio y su disminución durante la recuperación la convierten en una herramienta valiosa tanto para el diagnóstico como para el monitoreo de diversas patologías, particularmente infecciosas. Aunque no es un marcador específico de enfermedad, su medición seriada permite evaluar la evolución clínica y apoyar la toma de decisiones terapéuticas, contribuyendo además al uso racional de antimicrobianos y a la reducción del riesgo de resistencia bacteriana.

Referencias Bibliográficas

  1. Malin, K., & Witkowska-Piłaszewicz, O. (2022). C-reactive protein as a diagnostic marker in dogs: A review. Animals, 12(20), 2888. https://doi.org/10.3390/ani12202888
  2. Viitanen, S. J., Laurila, H. P., Lilja-Maula, L. I., Melamies, M. A., Rantala, M., & Rajamäki, M. M. (2014). Serum C-reactive protein as a diagnostic biomarker in dogs with bacterial respiratory diseases. Journal of Veterinary Internal Medicine, 28(1), 84–91. https://doi.org/10.1111/jvim.12262
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